EL ORIGEN DE LOS REYES MAGOS

El cuento que publicamos en este artículo fue leído por el periodista Paco Luque en la Coronación de los Reyes Magos de Bellavista 2024. Desde CYMBEL  lo queremos compartir con todos aquellos que no pudieron asistir al acto, nuestra enhorabuena a Ángela Martínez Rodríguez  de 12 años por tan magnífico trabajo.

EL ORIGEN DE LOS REYES MAGOS

Hace mucho tiempo, un niño de África llamado Baltasar tuvo un sueño.
Veía cómo los campos de su aldea se marchitaban y el verde de los baobabs se esfumaba por aquel fuego abrasador que amenazaba con extinguir su pueblo. Intuía que la tristeza no tardaría en dominarlos a todos, y que entonces, nadie iba a luchar por la alegría. Qué podía hacer él. Soñaba con salvarlos a todos aunque ya le habían insistido en que un niño pequeño no podría ayudar a nadie. Pero Baltasar se negó a rendirse. Nadie le arrebataría su sueño. Rebuscó en su pequeña choza y encontró unas pequeñas semillas de baobab. Eran tan diminutas, que habrían pasado desapercibidas de no ser por el entusiasmo que mostraba. Lleno de felicidad las plantó, una tras otra, sin importarle las miradas de desaprobación ni el calor. Y tras un tiempo de riego y de mucho cariño, enormes baobabs se alzaron sobre la tierra de África.
Lo había conseguido. La esperanza, había florecido.

Hace mucho tiempo, un niño de la India llamado Gaspar tuvo un sueño. En su país había estallado una cruel guerra que había dejado a muchos niños y numerosas familias sin un hogar. En las calles sólo palpitaba pobreza, miedo y angustia. Gaspar, no soportaba aquello. Soñaba con el día en que un rayito de sol los iluminase. Y por ello no se rindió. Con su mejor pluma escribió palabras bonitas y metió cada papel en pequeñas cajas de madera que dejó, durante la noche, en cada casa de su ciudad. En algunos había puesto “te quiero”. En otros, la palabra “luz. En cuanto salió el sol, por toda India se pudieron escuchar las risas de los aldeanos y sentir la felicidad.
Lo había conseguido.  La alegría, había llegado.

Hace mucho tiempo, un niño de Europa llamado Melchor tuvo un sueño. Su familia, adinerada y déspota, ignoraba el verdadero significado del amor. Melchor, aunque se había criado en aquella melancolía y tristeza, soñaba con que pudiesen valorarlo y darse cuenta de la suerte que tenían de estar todos juntos. Se llenó de valor y realizó la tarea que más valentía y generosidad entrañaba: abrazó a cada uno de sus familiares, dejando que la tristeza de sus corazones se apoyase en el cuerpo de aquel niño que les sonreía con dulzura y les quitaba el peso a sus almas. Aquella casa señorial se llenó de alegría, ternura y humildad.
Lo había conseguido. El amor, había germinado.

Cuentan las antiguas leyendas de India, África y Europa que los caminos de aquellos niños se cruzaron al hacerse adultos. Y tan grande eran sus corazones que, por un día, quisieron que todos los niños del mundo pudiesen cumplir su sueño de amor, alegría, esperanza y valentía. Se convirtieron en compañeros y más tarde, en una familia. Todos ellos habían sido niños que persiguieron un sueño. Y eso, les hizo cambiar el mundo. Nunca te rindas, susurraron a todos los niños dormidos de la tierra. Ningún sueño es imposible.

Nombre: Ángela Martínez Rguez / Edad: 12 años / Colegio: IES Antonio Álvarez López (Gelves).

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